Digamos, por un casual, que no me gustan los autobuses. Digamos, que como ya habré comentado, en Italia no sé como funciona el medio de transporte público. Digamos, que casi acabo en la otra punta de esta amada región.
Y es que el miércoles, me tocaba coger el autobús para volver a mi hogar. Como la gente normal, pues me informé antes más o menos para no sufrir ningún percance. Pues ala. La primera en la frente.
Menos mal que el conductor (que le debo la vida) me escuchó hablar por teléfono con la madre de Giulia, que si no, me tocaba ir a pata hasta Azzano X.
Después, no contenta con eso, casi me paso la parada. Pues estaba oscuro y no se veía nada con lo que me suelo orientar (casas, paredes, relojes de sol en paredes de casas). Y me bajo un parada después de la mía.
Comienzo a caminar y entonces, se para un coche frente a mi.
-"Si es que eres tonta, si es que tienes cara de extranjera, pero mírate, siempre te pasa a ti todo..."-Mi querida conciencia es así de suave conmigo.
Antes de saber que era la madre de Giulia (que seguro que me entendió que me bajaba en esa parada, porque empecé a liarme), me dio como un micro-infarto.
Y cuando llego a casa y mi querida sorella me pregunta que me ha pasado, me tiemblan las manos y estoy enfadada conmigo misma.
¡Ahora sé el autobús justo y la hora justa! ¡Imposible de perderme!
Soy una persona imposible. Que sepáis que yo y el transporte público, nunca nos llevaremos bien. He dicho.
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